2015-10-29 00.32.09

Todos los que hemos tenido la suerte de pasar nuestra infancia y juventud en un pueblo, guardamos con especial cariño los recuerdos de nuestros juegos de niñez. El juego es esencial para formarnos como personas y nos ayuda a alcanzar la madurez de una forma más plena. Quien no ha jugado no ha disfrutado, no se ha divertido y no ha dado rienda suelta a su creatividad

¡Qué encanto tenían los juegos de antes!, cualquier cosa nos valía para pasar un buen rato. El juego era el protagonista de recreos, de tardes a la salida de la escuela, de mañanas de sábado de descanso y entretenidas jornadas dominicales.

No hacía falta ninguna tecnología. Nos bastaba con la imaginación para llenar nuestros ratos de risas y agradables momentos. Un trozo de tiza y una piedra o tejo eran suficientes para entretenernos toda la tarde jugando a la rayuela, demostrando nuestra puntería y habilidad a la pata coja. ¿Y las canicas?… ¿cuántas horas de recreo hemos invertido jugando con estas diminutas y brillantes esferas?

La comba era otro de nuestros grandes aliados para pasar divertidos ratos. Principalmente era un entretenimiento para las niñas, que nos divertíamos saltando y cantando canciones y soniquetes que repetíamos una y otra vez.

El burro, el corro, el marro, las cuatro esquinas, la gallinita ciega y el zapatito inglés, también nos hacían pasar grandes momentos en nuestra más tierna infancia. ¿Quién no recuerda las risas jugando al pilla pilla o la chulería que se gastaban los más habilidosos con el diábolo?

¿Y Churro, mediamanga, mangotera? ¿Te suena? El escondite también era un buen recurso para pasar nuestros ratos de ocio. ¡Y las chapas! Podían representar jugadores de fútbol, coches, naves espaciales… tan sólo con un poco de imaginación y la suficiente habilidad para decorarlas.

La peonza fue también durante muchos años una gran compañera de juegos. Recientemente parece que se ha recuperado su uso y ahora vuelve a ser habitual ver a los niños en las plazas con sus magníficas peonzas de colores, haciendo trompos imposibles, pero… bailar la peonza de madera tradicional, tiene mucho más encanto. ¿A qué si?

Piedra, papel o tijera, el bote, las tabas, las carreras de sacos, el pañuelo, los santos, los recortables y las mariquitas, las cartas y el dominó eran un divertimento continuo.

Dejando volar nuestra imaginación, los niños de antes, en los pueblos éramos capaces de pasárnoslo bien con cualquier cosa. Simplemente jugando a pillar o a dar patadas a la pelota era suficiente para pasar un buen rato. En cuanto a lo de correr… también hemos de recordar, cómo los más traviesos, jugábamos a llamar al timbre de nuestros vecinos y nos echábamos a correr nerviosos y entre risas, con el consiguiente cabreo de los mayores.

En la actualidad, los niños no saben divertirse si no es con videojuegos o con la televisión. Las nuevas tecnologías son positivas en muchos, o en la mayoría de los aspectos de nuestra vida, pero… no lo son tanto en el juego de los niños. Provocan que cada vez los pequeños tengan unos hábitos más sedentarios de vida y ocio. Ellos, ahora, no encuentran ningún estímulo en aquellos juegos que nosotros encontrábamos tan divertidos. Hagamos que nuestros niños se diviertan, jueguen, se rían… de una forma sana, alegre, lúdica y educativa.

Hay muchos pueblos que han querido destacar el gran valor etnográfico de nuestros juegos de antaño, dedicando salas, museos, exposiciones y centros de interpretación a estas formas de entretenimiento. En TIMRURAL somos muy conscientes de que jugar nos forma como personas, y por ello, consideramos los juegos tradicionales y típicos como un importante recurso que hay que potenciar. No perdamos las facetas más divertidas de la sociedad rural de antaño. Disfrutemos del juego.

¿Y tú? ¿a qué jugabas en tu pueblo?

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