Ya estamos inmersos en pleno mes de junio. Muchos de nosotros ya nos estamos relamiendo y frotándonos las manos ante la idea de pasar el verano en el pueblo. Si. Trabajamos en la ciudad. No nos queda otra. Pero en cuanto podemos, hacemos una escapadita al lugar donde tenemos nuestras raíces, nuestro pueblo. Es otra manera de hacer turismo rural. Allá tenemos, familia, amigos, recuerdos y un montón de buenos ratos esperándonos para la temporada estival. ¿A que si?.

Jotas populares
Jotas populares

La gente más urbanita, que nunca ha vivido ni veraneado en el pueblo, no nos entiende. ¿Pero qué vas a hacer allá todo el verano? ¿Y no te aburres?, ¡Qué va! ¡Nada más lejos de la realidad! Pero si en el pueblo siempre hay cosas que hacer. Y hasta cuando no las hay, el aburrimiento puede llegar a ser divertido y tener su encanto.

Es cierto que para los que viven todo el año en el pueblo, todos los días pueden resultar iguales, pero para los veraneantes de capital, las vacaciones de verano pueden convertirse en una gran y apasionante experiencia.

No vemos el momento de llenar nuestras maletas para partir. Un montón de planes ronda en nuestra cabeza. ¿Estarán allí nuestros amigos? ¿Sus obligaciones laborales les permitirán disfrutar de las vacaciones en el idílico entorno rural? ¿Podremos disfrutar de buenos ratos, barbacoas, meriendas y ratos de gran diversión?

¿Qué haremos este verano? Piscina, río, senderismo. O simplemente… disfrutar tirándonos a la bartola. Da igual, cualquier plan es bueno siempre que lo hagamos en el pueblo.

Lo cierto es que cada vez los pueblos son más conscientes de que teniendo una oferta lúdica, cultural y/o social interesante, es más fácil atraer a nuevos visitantes y mejorar la vida y entretener a aquellos que día a día viven en el municipio. Por ello, los veraneantes, encontramos una gran variedad de actividades para mantenernos entretenidos. Ayuntamientos, asociaciones culturales, juveniles, teatrales, agentes de desarrollo, establecimientos de hostelería y restauración, mancomunidades… se afanan por ofrecer los talleres, charlas y actividades más curiosas y extravagantes con el fin de atraer al mayor número de público posible. Desde las clásicas visitas guiadas y teatralizadas, rutas de senderismo, en bici o a caballo, salidas a las huertas… a otras más atrevidas como juegos del terror, capeas, campeonatos de juegos autóctonos, risoterapia, shiatsu, mindfulness, juegos eróticos, nutrición… son algunas de las originales propuestas que podemos encontrarnos en nuestro entorno rural.

La imaginación no tiene límites y en nuestra opinión, las mejores actividades son las que salen de la propia gente que las necesita. Gente que de forma desinteresada se da cuenta de una necesidad palpable de diversión y entretenimiento y se reúnen y ellos mismos las organizan.

En TIMRURAL nos encantan estas propuestas. Cualquiera es buena. Cualquiera puede servir para mantener interesados a los vecinos durante el verano en el pueblo. ¿Punto de cruz? ¿Pintura al óleo? ¿escalada? ¿Rafting? Depende de la imaginación de los organizadores y del espíritu de colaboración de los vecinos y veraneantes.

Si ves que el verano en el pueblo es aburrido y no encuentras nada que hacer, crea tu propio plan de dinamización. Cualquier actividad está bien para empezar.

¿Te apuntas? ¡Nosotros si!

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