Noviembre. Llegan los primeros frA�os, las primeras heladas, y con ellos, aromas muy especiales que nos evocan recuerdos de niA�ez y juventud. Ahora los pueblos, ya no huelen a pueblo, y no sA?lo por los abonos naturales que antes se utilizaban en el campo, o las fuertes fragancias que desprendA�an los animales en las vaquerA�as, majadas y pocilgas, y que ahora brillan por su ausencia. Hay otros muchos olores, que nos transportan aA�os atrA?s, a nuestros ratos felices en el pueblo.

En A�sta A�poca del aA�o, hasta hace no mucho, era muy tradicional que la familia se reuniera para la matanza del cerdo. Aquello suponA�a todo un acontecimiento en cada hogar, y cada una de las tareas que se desprendA�an de este ancestral rito, tenA�a un caracterA�stico olor, que muchos de nosotros nunca olvidaremos: las hogueras en las que chamuscar al gorrino, el olor de la carne reciA�n destazada, el aroma de las morcillas reciA�n hechas, o del sabroso picadillo, o los torreznos. A?Y el olor de la manteca y los chicharrones? A?Y el aroma de esas longanizas ya colgadas en los varales? A?Y quA� decir de su sabor!, pura delicia para el paladar.

Si hay un olor caracterA�stico del medio rural, es el de la tierra mojada. Un aroma que consigue transportarnos a nuestra mA?s tierna infancia, a tardes de lluvia y paseos en bici. A barro, a mies, acampo.

En noviembre llega tambiA�n el magosto y sus deliciosas castaA�as, su olor y su sabor es el olor y sabor del invierno. El que nos recuerda a largos paseos por el pueblo que nos reconcilian con nuestro pasado, aunque tambiA�n por la ciudad, con las castaA�eras salpicando las aceras con sus cucuruchos de papel de periA?dico, lleoloresysaboresnos de este delicioso fruto. En cada casa, poco antes de la hora de la cena, se empezaban a preparar las lumbres, hogares y chimeneas para la cena, y siempre habA�a un hueco para asar unas pocas castaA�as. Siempre deliciosas al incorporarlas en guisos, estofados, en purA� o en cremas con las que untA?bamos el pan.

A?Y las huertas?, aquellas que servA�an para apadrinar nuestras despensas durante todo el aA�o. Pimientos, ajos, calabazas, girasoles, zanahorias, guisantes, lechugas, repollos, y por supuestoa�� las olorosas y jugosas cebollas, mA?s sabrosas si cabe, cuando te las comA�as a escondidas, tras haberlas cogido a�?prestadasa�?, de la huerta del vecino.

A?Y el olor de las tiendas de antaA�o? Casi todos los pueblos tenA�an una tienda de ultramarinos, en las que lo mismo te vendA�an una bobina de hilo, que cuarto y mitad de pimentA?n, comino o bacalao. Productos todos ellos, que se envolvA�an en papel de estraza. OlA�an aa��. vecindario y a una mezcolanza de aromas de los miles de productos que allA� podA�amos encontrar.

A?Y el jabA?n reciA�n hecho? A?quiA�n no recuerda ese caracterA�stico aroma? Durante todo el aA�o, las mujeres guardaban grasas y mantecas, que convenientemente mezcladas con sosa, talco y otros productos, se obtenA�an unas mA?gicas pastillas que valA�an tanto para el cuerpo, el cabello y la limpieza del hogar.

En TIMRURAL nunca olvidamos esos olores y sabores de pueblo, que nos devuelven escenas de nuestra vida en nuestro entorno rural, cuando una taza de chocolate caliente acompaA�ada de picatostes, era una inmejorable compaA�A�a en una tarde de invierno.

A?Y a ti? A?QuA� aromas y sabores son los que te transportan a tus mejores momentos en el pueblo?

 

 

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