Las costumbres de nuestros pueblos, se van modernizando. La vida rural, aunque suene raro, cada vez es más urbanita. Con el avance de los nuevos tiempos, y sobre todo, con el avance de las nuevas tecnologías, muchas de esas tradiciones, se van perdiendo. La agricultura, la artesanía, la construcción… Ya no son lo que eran. Las nuevas herramientas de trabajo han enterrado para siempre muchos oficios que las próximas generaciones ya no conocerán. Son los oficios perdidos.

Uno de los recuerdos más nítidos de mi niñez, era el despertar por la mañana con el sonido del afilador. Una melodía tan característica que por muchos años que pasen, nunca se me olvidará. Yo corría a asomarme por la ventana. Y allí estaba él. El afilador que de forma regular visitaba mi pueblo llegado desde Zamora. Todas las vecinas salían a su paso con navajas, tijeras y cuchillos para afilar. Mientras él se afanaba, las lugareñas le hacían corro alrededor14167343311_cfde680713_z de su bicicleta mientras le daban conversación. Una bicicleta que él mismo había modificado convirtiéndola en una curiosa herramienta para afilar.

El afilador sigue yendo a mi pueblo. El sonido sigue siendo el mismo. Pero cuando yo me asomo a mi ventana, ahora no es una bicicleta lo que veo. Ahora el afilador se desplaza en coche. (Lógico), y la piedra de amolar, está en su maletero. Desde luego, ahora el trabajo resulta mucho más cómodo para este artesano ambulante, pero hay que reconocer, que ha perdido cierto encanto.

¿Y el sereno? En el mundo rural no se prodigaban, abundaban más en las ciudades, pero merece la pena mencionar este oficio. Eran los encargados de encender las farolas a la caída de la noche, y vigilaban las calles para que no pasara nada malo y controlaban el acceso a los portales guardando con celo sus llaves.

14147500006_e08d68ba34_zLas lavanderas, que iban al río o al pilón al lavar la ropa. En los pueblos, normalmente cada ama de casa (eran ellas quienes solían hacerlo), acudían a hacer la colada bien de mañana, y tendían la ropa en el verde de la era. Las familias más pudientes encargaban este trabajo a lavanderas profesionales. Un trabajo que se vio claramente perjudicado con la llegada de las lavadoras eléctricas a los hogares. También estaban las zurcidoras, que eran las encargadas de tener la ropa siempre a punto, sin enganchones. También zurcían las medias cuando se saltaba algún punto.

En la agricultura hay numerosos oficios perdidos. Ahora estas tareas quedan la mayor parte de las veces de mano del agricultor, que con la maquinaria específica es capaz de llevar a cabo todas las actividades que requiere el campo. Así, encontramos al segador, que era el encargado de segar las mieses desde el mes de mayo, hasta que terminaba la recolección. Hoy en día, con las cosechadoras, el periodo de la siega se ha reducido bastante. Antiguamente iban cargados con su hoz al hombro y las protecciones para evitar cortarse. ¿Y el trillo? ¿Quién lo manejaba? Pues el trillador, que se encargaba de separar el grano de la paja.

Tenemos también al abarquero, que fabricaba abarcas, un calzado típico de madera. El adobero, que hacía adobes. El aguador, que se encargaba de transportar y vender agua. El alambiquero, que trabajaba en el alambique, elaborando bebidas alcohólicas. Alfareros, algodoneros, cigarreros, arrieros, barquilleros, bolilleras, cabreros, calderereros, camineros, boteros, campaneros, organilleros, piconeros, carabineros, mamposteros, peluseros… ¿Y las amas de cría o nodrizas? Ellas eran las encargadas de criar y dar de mama a niños que no eran suyos. Los verdugos, otro oficio ya totalmente desaparecido (menos mal).

13983989599_20969c764c_zSon muchos los pueblos que han tratado de recuperar estos oficios y de evitar que caigan en el olvido. Buen ejemplo de ello, son las muchas ferias y demostraciones que a lo largo de todo el año se celebran en nuestra geografía. En la localidad vallisoletana de Villanubla en el mes de septiembre, por ejemplo, se celebra la tradicional feria de los oficios. En tiempos de mis abuelos, en la que colaboran la mayor parte de los vecinos. También en la vallisoletana Villanueva de Duero hacen un evento digno de mención, su feria Aldeanueva, que cada año atrae a miles de turistas. En Castellón destaca la de Almedíjar. En Burgos capital destaca la Feria Nacional de Oficios Artesanos. En Ávila, la feria de los oficios artesanos de Cillan. En Madrid, la Feria de los Oficios y Tradiciones de Pinilla del Valle. En Barcelona es muy importante la Feria Medieval de los Oficios de Suria, ambientada al estilo de la época. En Valencia, la Feria de artesanía de autor en Alcalalí. En A Coruña, la de Sada son solo algunos ejemplos. Hay muchos más.

En TIMRURAL, somos partidarios de mantener vivas esas tradiciones. En TIMRURAL queremos ayudar a que esos antiguos oficios perdidos no caigan en el olvido y para ello, alentamos y asesoramos a Ayuntamientos, Mancomunidades, Asociaciones para mantener este rico patrimonio cultural y etnográfico. Una buena forma de hacerlo es mediante la creación de exposiciones permanentes, centros de interpretación y mediante la organización de ferias de oficios y talleres participativos. ¿Te ayudamos?

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