El turismo accesible sigue siendo la asignatura pendiente de la mayor parte de las zonas rurales. Meritxell Aymerich eso lo sabe muy bien. Ella es una joven periodista de 34 años y máster en Tecnologías accesibles, que ha trabajado como consultora de turismo accesible para diferentes empresas y que además es ciega de nacimiento, por lo que conoce de primera mano las barreras que se pueden encontrar las personas con dificultades en la visión a la hora de hacer turismo.

Meritxell es especial. Especial en todos los sentidos. Desde el minuto cero de nuestra conversación telefónica, consiguió transmitir su carisma y su fascinante encanto a través de su voz y de sus palabras. Tiene el don de la palabra, el don de la comunicación. Ella ha querido explicar a los lectores de TIMRURAL su experiencia personal sobre temas de accesibilidad en el turismo rural. Su pareja, Jose Ángel, también ciego de nacimiento, le acompaña en muchos de sus viajes al medio rural. En la entrevista, Meritxell nos cuenta su experiencia. ¡No os la perdáis!

Como aficionada al turismo rural, ¿ A qué experiencias positivas te has encontrado en relación al turismo accesible?

Antes de empezar me gustaría explicar que las personas ciegas disfrutamos de los viajes y que hacer turismo no es solamente ver: ver paisajes, ver monumentos, ver y simplemente ver. Viajar es una experiencia completa y yo suelo hacerlo o bien con mi pareja (que en este caso es también ciego y amante de los viajes y por lo tanto siempre que podemos nos escapamos) o con amigos o familiares.

No es cierto ni que siempre vayamos acompañados, ni que siempre vayamos a ir solos. Cada persona ciega tiene un nivel de autonomía diferente y en nuestro caso es alto y podemos movernos sin problemas. Me entusiasma viajar, a cualquier lugar, pueblos pequeños y cercanos, grandes capitales extranjeras, al mar, a donde sea y, aunque no es lo que he tenido más oportunidad de hacer.

También me encanta disfrutar del entorno rural, ya que vivo en una ciudad y es bonito pararse, escuchar el sonido de los pájaros por la mañana o de los ríos mientras duermes, percibir los aromas de la naturaleza, caminar por el silencio de un bosque y sentir como crujen las ramas bajo tus pies, tocar animales o dólmenes, piedras milenarias, minerales, árboles, molinos, herramientas del campo, artesanías, tantas cosas… Por supuesto comer productos del huerto, beber la leche de verdad, degustar la esencia de los manjares auténticos, hablar con la gente del pueblo que tiene tanto que explicar. Todo ello son cosas que no deberíamos dejar de hacer y me encanta que el turismo rural está en auge. Tuve la gran ocasión de ser digamos conejillo de indias de un proyecto especial. Una experiencia llamada «La ruta del mejillón sensitivo». Es un proyecto de la zona denominada Arousa Norte, en Galicia, en la que han potenciado la posibilidad de ofrecer un turismo accesible para las personas ciegas. Todo fue perfecto: transporte desde el aeropuerto de Santiago, llegar a la casa rural y sentir que no había ningún miedo a que nos moviésemos por ella, ver cómo las anfitrionas nos la enseñaban y nos dejaban tocar cosas tan bonitas de la decoración, nos explicaban que en el plato teníamos empanada a las 6 o ensalada a las 12 vamos, que conocían las técnicas para poder indicarnos claramente, por ejemplo donde están colocados los alimentos como si fuese un reloj, para que te hagas una mejor idea o sabían cómo acompañarnos dejando que nos agarrásemos del brazo y no cogiéndonos ellas, por poner algunos ejemplos. No hablemos ya de las visitas de todo tipo: guías espectaculares que describían los paisajes, la experiencia de ir en barco y tocar las bateas de mejillones, tener en la mano estrellas de mar mientras navegábamos y sentíamos la brisa, las explicaciones en el museo de Valle Inclán en el que nos dejaron tocar elementos como su escritorioa… todo muy natural. Esa es la clave.

A continuación os dejo un vídeo en el que veréis la experiencia de otros viajeros pinchando aquí.

Meritxell Aymerich

¿Y las negativas? ¿Cuál ha sido la peor situación que te has encontrado?

De momento no he tenido experiencias negativas en mis estancias de turismo rural, si bien en alguna ocasión (en otro tipo de turismo) he tenido que lidiar con situaciones incómodas. En el ámbito rural creo que los emprendedores valoran la decisión del turista de elegir su establecimiento y le cuidan mucho, independientemente de si tiene o no una discapacidad. Las cosas van a un ritmo más calmado y eres un turista, no un simple número. En ocasiones sucede que hay unos momentos de tensión o miedo por parte de los propietarios de casas o restaurantes, si bien es cuestión de minutos que se rompa el hielo.

La cosa se complica más en los deportes de aventura. Las empresas de este tipo de actividades tienen muchísimas reservas cuando intentamos hacer alguna de ellas. No somos camicaces, tenemos sentido común, y si nos apuntamos a algo es porque consideramos que podemos hacerlo. Hay cosas que uno no puede hacer y punto.

Conocemos nuestras limitaciones y, por supuesto, nuestras capacidades y por lo tanto, si yo digo que puedo remar es que puedo. Solo necesito que me enseñes cómo hacerlo bien. Si me caigo al agua y te dije que se nadar pues nadaré como cualquiera, si tengo miedo de las alturas no me tiraré en paracaídas y si me da apuro la velocidad no haré tirolina, pero, ¿y si me gusta todo ello? Pues quiero hacerlo como cualquiera y lo que espero es que me expliquen bien los detalles. Luego ya decidiré si puedo o no hacerlo con garantías. Yo me conozco y la persona que tengo delante, en este caso, no. Quizás es hasta la primera vez que habla con una persona ciega y por lo tanto no puede valorar si es posible o no.

¿Consideras que el sector del turismo rural está concienciado sobre la necesidad de facilitar mayores y mejores condiciones de accesibilidad a sus visitantes?

Creo que de momento no se piensa demasiado en ello. Las ciudades sí comienzan a ofrecer más recursos: hoteles con habitaciones adaptadas para usuarios de sillas de ruedas, visitas guiadas adaptadas para personas sordas o ciegas, etc. Pero en el turismo rural creo que de momento no se ha extendido la idea de mejorar la accesibilidad en general para el visitante con discapacidad.

En el caso de las personas ciegas, el transporte puede convertirse en vuestro mayor hándicap. ¿Qué factores debéis tener en cuenta antes de emprender un viaje?

A veces viajamos con personas que ven perfectamente y usan coche pero si mi pareja y yo vamos solos o con gente que no pueda conducir obviamente necesitamos contar con un transporte público cercano. Miramos foros como Top rural en los que hay hilos de mensajes como turismo rural sin coche. Tengo ese hilo concreto guardado en favoritos. Consultamos qué autobuses y trenes hay cerca y apuntamos los teléfonos de taxis de los pueblos de alrededor por si acaso. También llamamos a las casas y, si nos ofrecen, por ejemplo, la posibilidad de ir a buscarnos a la estación más cercana es maravilloso. Es algo imprescindible para nosotros y por lo tanto determinante a la hora de elegir. Entendemos que hay que pagarlo, por ejemplo en concepto de la gasolina o del servicio en sí, pero ¿lo hacemos y ya está?. Es una necesidad del cliente y si nos ofrecen solucionarla ya nos han ganado como posibles visitantes. Esto es lo que nos ofreció Oriol, propietario de la casa Cal Jafra en Llorens del Penedes. Hay un bus que llega a este pueblo pero los domingos no y por lo tanto no podíamos volver a la estación de tren. Le preguntamos por las posibilidades de transporte y nos dio todas las facilidades para que tuviéramos la mejor de las experiencias. En su casa también tienen un servicio muy interesante para cualquier personas y especialmente para nosotros: si le pasas la lista de la compra con antelación, cuando llegas a la casa lo tienes todo allá, en la nevera, armarios, etc. Y por lo tanto no tienes que moverte para buscar tiendas cercanas que quizás no lo son tanto.

En alguna ocasión has comentado que hacer accesible el turismo es cuestión de voluntad. ¿Puedes explicarlo?

Abrir la mente a la diversidad de turistas que puede haber y considerar que, si la persona ciega o con cualquier otra discapacidad, quiere ir a tu establecimiento, tu trabajo es hacer que esto no sea un problema sino una buena experiencia y que repita y lo recomiende, como con cualquiera. Es necesario conversar, preguntar qué necesita, si quiere o no que se le acompañe, si necesita que le enseñen la casa (que será que sí)… hablando se entiende la gente. No hay que presuponer y tener miedos. Preguntar es lo mejor, sin temor. Estamos acostumbrados a responder para que todo sea más fácil.

¿Cómo os ayuda la tecnología a la hora de realizar vuestros viajes al medio rural?

Actualmente las personas ciegas usamos ordenadores, móviles, etc. Mediante programas que leen la pantalla con una voz sintética. De esta manera podemos consultar páginas web de los alojamientos, ayuntamientos, lugares turísticos, opiniones de usuarios, redes sociales, etc. Somos usuarios de Internet pero no todo lo que hay en la red es accesible para nosotros. Existen unas pautas que los programadores de las páginas web o de las aplicaciones móviles deben seguir para que nuestros programas lectores de pantalla puedan interactuar sin problemas (Consultar Pautas de Accesibilidad para el Contenido Web (WCAG) 2.0). No se trata de que la página tenga una voz que lea el texto, no es necesario que la web hable, eso ya lo hará nuestro programa concreto, sino que el programador haga bien las cosas para que este tipo de software pueda leer e interactuar correctamente. Por ejemplo, si en la web las opciones solamente se pueden pulsar mediante el ratón, las personas ciegas no podremos hacerlo, ya que solamente usamos el teclado. Ello también les sucede a personas que no pueden realizar movimientos motrices finos con las manos o muchos otros problemas de movilidad. No todo el mundo puede usar un mouse.

Por otra parte, las imágenes, por ejemplo, tienen que tener textos alternativos, es decir, si el enlace a «contactos» tiene un sobre pero la imagen no contiene un texto con la palabra Contacto en el código HTML de la programación de la web, nuestro lector de pantalla nunca sabrá a donde nos lleva este vínculo. Los lectores no pueden interpretar imágenes. Para preparar un viaje consultamos lo que se nos ofrece por Internet, como gran parte de la gente hoy día, y también preparamos rutas mediante las APPs móviles, como por ejemplo Google Maps para poder movernos usando el GPS y mejorar así nuestra orientación en lugares que obviamente no conocemos.

En Cataluña, donde tú vives, hay referentes de primer orden en cuanto a equipamientos, transportes y recursos turísticos accesibles, ¿puedes indicarnos algunos ejemplos destacados?

Barcelona ciudad tiene ya muchos museos o equipamientos con elementos táctiles, visitas guiadas descriptivas, etc. Pero si nos centramos en el turismo rural, me gustaría destacar la Vía Verde de la Terra Alta. Tiene 25 km pero 6 son accesibles para usuarios de sillas de ruedas y para personas ciegas mediante un pequeño zA?calo que puedes ir siguiendo todo el rato con el bastón para no perderte y poder así caminar totalmente solo, a tu ritmo, sin necesidad de ir agarrado a alguien. También tiene paneles informativos que describen la fauna y el entorno. En el Delta del Ebro existe un museo etnográfico con medidas de accesibilidad, aunque la mayoría de este tipo de museos son muy accesibles en sí.

Por ejemplo, para nosotros puede ser interesante tocar herramientas del campo, artesanía de la comarca, etc. Y todo ello no son en sí adaptaciones, sino objetos que ya tienen en general los centros etnográficos o de interpretación. Se trata de que nos lo dejen tocar y en los pueblos suele ser así. Nos sorprendió gratamente encontrar, en San Juan de Plan (Huesca) un museo etnológico con gran cantidad de elementos olfativos (útiles para todo el mundo), táctiles, audios descriptivos, información en Braillea… fue ideal. También hay parques naturales que están ofreciendo medidas de accesibilidad y monumentos que contienen maquetas a escala. La Generalitat, por ejemplo, hace 15 años realizó 10 maquetas para monumentos repartidos por toda Catalunya y una de ellas está en el Monasterio de Santes Creus. Lo interesante de esto no es solamente que esté sino que se conozca, que, como sucedió. Oriol, el propietario de la casa rural que antes mencionaba, sabía que esta maqueta existía y que recomendarnos esa visita nos aportaría un plus.

La especialización y diferenciación de lo accesible, no supone la exclusión del resto de clientes. ¿Crees que el empresario de turismo rural lo tiene claro? ¿Consideras necesaria una labor de formación, divulgación?

Efectivamente hacer accesible, partir de la base del diseño universal, es algo que beneficia a todo el mundo. Una rampa sirve para alguien en silla de ruedas pero también para carritos de bebé, maletas, etc. Y por lo tanto todo el mundo lo agradece. Es necesaria mucha formación y concienciación para que se entienda todo esto.

¿Crees que sería necesaria una coordinación de políticas entre la administración y el sector del turismo rural para fomentar los espacios accesibles?

Por supuesto. Las oficinas de turismo, ayuntamientos, etc. deberían promover este turismo y sobretodo informar de los alojamientos o lugares accesibles. Lo que no se difunde no existe. También se podrían dar ayudas a las casas o establecimientos que quieran hacer obras de mejora de la accesibilidad o que deseen asesorarse por lo que respecta a sus webs, a sus posibilidades en cualquier sentido relacionado con este tema.

¿Qué experiencias tienes en países extranjeros? ¿Tiene que avanzar mucho España respecto a otros países?

El turismo cultural accesible está muy desarrollado en Reino Unido, EE.UU. y Francia. Estos tres países tienen muchísimas medidas de accesibilidad en museos importantes. Por ejemplo, en el British Museum te dejan tocar piezas egipcias originales, hay maquetas del Partenón, etc. En París sucede igual. Tal vez porque esta capital es la que vio nacer el Braille, el caso es que allá lo tienen muy claro.

Sin embargo, en la capital francesa una persona usuaria de silla de ruedas tiene graves problemas para moverse tanto en la calle como en el transporte público. España está avanzando sobre todo en cuanto a barreras arquitectónicas en el transporte o en los hoteles pero creo que en el turismo cultural aún vamos por detrás (si bien también estamos mejorando).

Hay personas con muy diferentes capacidades, con disfunciones visuales, motoras, auditivas… ¿Cómo puede un establecimiento rural facilitar y adaptar a este público tan diverso su oferta de servicios?

Es complicado explicar aquí todas las medidas necesarias pero resumidamente diríamos que para los usuarios de sillas de ruedas o personas con problemas para caminar, es obvio que si una casa no tiene habitaciones en la planta baja o alguna forma para acceder a ellas si están en otro piso será imposible que se alojen en ella. También es necesario poner barras en los baños, platos de ducha en vez de bañeras o eliminar los escalones para entrar a la misma casa. Esto digamos sería lo básico, mínimo e imprescindible para este tipo de turistas. Por otra parte estaría muy bien que los propietarios conozcan formas accesibles de moverse por los alrededores como por ejemplo taxis adaptados o furgonetas de alquiler Óptimas para personas que puedan necesitarlos. En cuanto a las personas ciegas la cosa es muy diferente. Las adaptaciones no tienen que ser físicas en la casa más allá de cosas relacionadas con la seguridad como poner barandillas (imperativas también para niños o personas que necesiten agarrarse a ellas) o evitar objetos que puedan dañarte como extintores en la pared sin nada que los proteja. Las escaleras, por fortuna, no son un obstáculo para nosotros. Podemos subirlas y bajarlas y ello parece ser algo que no se entiende. Da muchísimo miedo a la sociedad en general. Se piensa que una persona ciega necesita usar rampas y ascensores cuando no es así. Obviamente quiero que no haya barreras arquitectónicas para los usuarios de sillas de ruedas pero me refiero a que para nosotros no es un problema subir o bajar escalones y no necesitamos habitaciones adaptadas. Las adaptaciones para nosotros son realmente más bien de actitud por parte de los propietarios y no suelen tener costes o son mínimos, por ejemplo, transcribir a Braille la carta de un restaurante. Y por supuesto, la administración tiene que invertir en formación para los propietarios y trabajadores de establecimientos turísticos de cualquier índole.

La formación y el sentido común son lo que, para nosotros, abre todas las puertas y ahí empieza una buena experiencia para todos: no hay miedo por parte de los guías, propietarios, camareros, etc. y hay un disfrute y una tranquilidad sin tensiones por parte nuestra. Al final es todo mucho más fácil de lo que parece.

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