Doctor Arquitecto, urbanista y paisajista. Firme defensor de la recuperación de los entornos naturales como elemento de valor para la sociedad, especialmente en el medio rural, donde él encuentra las respuestas a todas sus inquietudes.
Él es Jose Antonio Hoyuela Jayo, gran amigo y colaborador de TIMRURAL, y quien está cosechando grandes éxitos en Brasil.
Recientemente, un proyecto suyo y de su empresa Teryssos Do Brasil LTDA, puesto en marcha en el país del Amazonas, le ha valido la Mención de Honor en la II Bienal de Arquitectura del Paisaje en México. Hoy, en esta entrevista para Timrural, nos habla sobre la importancia de la conservación de nuestros paisajes, ya que según él, ¿el paisaje es la base de la calidad de vida?.

Mirar al futuro sin dejar atrás el patrimonio arquitectónico rural ¿Es esa la principal premisa en la arquitectura rural?

En la arquitectura rural, o tradicional, más bien, encontramos muchos fundamentos básicos de la arquitectura ecológica. El uso de materiales locales, la capacidad de reutilización, la minimizacón de la energía y del consumo de agua en la producción de los materiales, la adecuación al clima, la funcionalidad de las soluciones constructivas, e incluso la búsqueda de la belleza y la armonía, que la caracterizan, pueden considerarse elementos de una arquitectura sostenible, y por tanto, de una visión contemporánea e innovadora del patrimonio arquitectónico.
El patrimonio cultural, y también el rural, tiene dos grandes desafíos desde la perspectiva contemporánea. El primero es el reconocimiento de sus valores, entre los cuales debemos destacar, su integración en el entorno (y por tanto su dimensión paisajística). El segundo es el de pensar el patrimonio no como algo puntual, sino a lo largo de su vida y de su gestión, integrando su mantenimiento y conservación en la línea del tiempo, y no sólo en momentos singulares o hitos limitados a un tiempo concreto.
En realidad, más que el concepto de patrimonio arquitectónico rural, debemos hablar, cada vez con más profundidad, entendiendo el cambio de concepto, de paisaje rural. Porque es ahí, en el paisaje, en su base natural, en sus aportaciones culturales, y en su interpretación (percepción) donde adquiere su verdadero valor.

La arquitectura va ligada a un lugar, a un paisaje, a una cultura. ¿Estamos perdiendo la esencia arquitectónica que durante siglos ha identificado a nuestros pueblos?

Si, la estamos perdiendo. Entre la globalización y la recuperación de los valores locales, hemos optado por la primera de las opciones sin entender que ambas son necesarias. Tenemos que integrarnos en una sociedad global, informacional, en red, al tiempo que debemos conservar, fomentar e interpretar, en este nuevo contexto, los valores locales. Para ello la mejor solución es partir de la sabiduría acumulada en el paisaje y en la arquitectura tradicional e intentar colocarlos en esta nueva dimensión, en un diálogo constante, fluido, entre modernidad y tradición.
A efectos de la arquitectura esto pasa, como he dicho, por entenderla dentro del entorno, y hacerlo con la participación de la sociedad que la habita, o la disfruta (el turista). El convenio europeo del paisaje define este, el paisaje, como: cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos.
En este interesante concepto se une la cultura (y la arquitectura es una manifestación cultural y artística), la naturaleza, y la percepción (y con ella la participación social, en la construcción y en la interpretación del paisaje).

Nuestro entorno rural posee un extensísimo catálogo patrimonial. Castillos, iglesias, santuarios, rollos, pazos, murallas ¿Cree que está lo suficientemente protegido?

Quizás incluso excesivamente protegido. Castilla y León tiene unos 2000 Bienes de Interés Cultural, que es la máxima protección que se le da a una construcción o edificación, pero además, a mayores, están los catálogos territoriales, urbanísticos, y los bienes inventariados. Además están las protecciones paisajísticas o el Patrimonio de la Humanidad como instrumentos similares para la protección del patrimonio, cultural, natural o mixto.
Estamos trabajando en el patrimonio cultural todavía con ideas del siglo XX. Pensamos que la mejor protección es la catalogación del monumento, y normalmente, dentro de la envolvente, de los muros que lo delimitan. En este contexto hay dos grandes desafíos que incluso UNESCO reconoce para el Patrimonio Mundial. El primero es entender el monumento en su contexto, con sus relaciones funcionales, artísticas, estáticas, ecológicas, económicas y sociales, con lo que le rodea. Eso es entender el patrimonio cultural como paisaje.
Sólo así estaremos entendiendo de verdad su valor, y sólo a partir de ese reconocimiento y de ese diagnóstico, podremos afrontar el desafío de su preservación y puesta en valor. El segundo, relacionado también con el primero, es pensar la protección desde la gestión, desde la puesta en valor de este monumento que va a garantizar su conservación, restauración, rehabilitación, etc., pero también, y sobre todo, su mantenimiento a largo plazo.

La rehabilitación de edificaciones destinadas al turismo rural, ha permitido la conservación y reutilización de gran parte del patrimonio construido. ¿Se han cometido abusos en ese sentido?

Nuestra región es un modelo de cómo la puesta en valor del patrimonio edificado lleva unido el desarrollo local. En este sentido somos una referencia a nivel mundial. Creo recordar que Castilla y León ya ha pasado los 6 millones de turistas (este año España estará cerca de los 70). La presencia de estos turistas en nuestra región se debe al valor de nuestro paisaje y de nuestro patrimonio (en todas sus dimensiones, no sólo arquitectónica). El turismo de interior es preferentemente cultural, aunque no sólo. Ornitología, turismo de aventura, turismo histórico, o turismo de relax (baños, termas, etc.) acaban apoyándose también en el paisaje holístico, ese paisaje que une lo natural, lo cultural, y lo perceptivo (que al final es la sociedad que lo habita y su capacidad de acogida y de integración en ese mismo paisaje).
En la línea de fomentar el desarrollo turístico, los organismos tanto nacionales como regionales e incluso locales apostaron por la arquitectura tradicional y por el paisaje y esto se está demostrando como una buena simbiosis, una buena pareja. Habrá habido algún abuso, pero creo que el patrimonio, el paisaje, y la región han salido ganando. Tenemos cada vez más respeto por el paisaje, y lo estamos interpretando cada vez mejor.

¿Cuáles son las tendencias actualmente en arquitectura rural?

Nosotros estamos trabajando en varios pueblos y vemos como, cada vez más, se están integrando estas ideas en la cultura y en la sociedad castellano y leonesa, y también en España, como un todo. Básicamente son la idea de que la protección del patrimonio puede convertirse en un recurso económico y social de cohesión y de desarrollo, y la idea de que la preservación del patrimonio no sólo afecta a los elementos de mayor valor (monumentos, etc.) sino también al entorno y a los elementos tradicionales, que garantizan su conservación sobre todo en base a la adaptación al medio.
Visto desde otra perspectiva, más sectorial, la arquitectura tradicional debe encontrar cómo trabajar los materiales tradicionales de una forma adecuada a las demandas de la sociedad informacional. Un ejemplo puede ser el tapial y el adobe. Estos materiales están perfectamente adaptados a la región y al entorno y su uso en edificaciones modernas, o en rehabilitación puede colocarlo en una nueva dimensión, generando empleo, haciendo la arquitectura más sostenible, y tendiendo puentes entre el pasado y el futuro. También ocurre lo mismo con la madera o la piedra. El hormigón armado y el acero son materiales globales que no se comportan bien en el medio de la meseta castellana, que son caros y que no forman parte de nuestros paisajes. El estudio de materiales y sistemas constructivos tradicionales nos acercará a a estas soluciones y, consecuentemente, a una mejor relación con el paisaje y con nuestro entorno.

Usted es experto paisajista. ¿En qué consiste exactamente el trabajo de un paisajista en el entorno rural?

Hoy trabajamos desde una perspectiva amplia del paisaje. El convenio europeo traslada, a Europa, las ideas de la IFLA y del EFLA, paisaje es todo, paisaje es perceptivo, y el paisaje es la base de la calidad de vida.
Esta visión destaca el carácter perceptivo del paisaje y su carácter público. La aproximación al concepto de paisaje requiere de la participación de una amplia representación social y trabajamos en procesos participativos, donde la sociedad sea protagonista. El segundo elemento, quizás más importante aún, es el doble enfoque, que une los aspectos naturales y los aspectos humanosa o la intervención del hombre. Esto abre la dimensión holística del paisaje, la visión ecológica, biológica, geológica, patrimonial, artística, perceptivaa, etc., haciendo indisociables el sustrato ambiental y las interacciones o productos de la acción antrópica sobre el territorio (cultura). El paisaje concebido como la percepción social de la huella de los procesos y actividades humanos sobre el territorio nos exige trabajar con y para los ciudadanos, y no desde un pálpito o despacho, sino allá, en el lugar, in situ.
El paisaje es el resultado de una transformacón colectiva de la naturaleza, es la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado.
La declaración de intenciones del Convenio Europeo del Paisaje explica con suficiente precisión la nueva orientación de la política de desarrollo sostenible de la Unión y su definición basada en el análisis, la protección y el desarrollo del paisaje. El paisaje aglutina conceptos derivados del medio ambiente, del patrimonio material e inmaterial, o de la diversidad biológica, siempre desde una perspectiva eminentemente cultural y social. Sus pilares básicos: la protección de los valores naturales y culturales y el desarrollo sostenible sobre la base de los recursos territoriales disponibles son componentes intrínsecas del paisaje.
El paisaje se conceptualiza, bajo un denominador común, en su consideración a través de la geografía, la arquitectura y la ordenación del territorio, como un instrumento y como un proceso en continua revisión.

Háblenos de los principales proyectos arquitectónicos que ha desarrollado en entornos rurales.

En realidad me gusta decir que soy paisajista. Mis principales proyectos en general, además, han sido en el medio rural. Entre ellos destacaría el Plan Regional del Valle del Duero, las Directrices de Valladolid, Segovia, Palencia, el Proyecto Regional de Montealegre de Campos y el Proyecto Regional para el Desarrollo Sostenible del Destino Turístico de San Glorio. En Brasil trabajamos de la misma forma con proyectos como la restauración ¡de Santa Lucía, el Mapa Histórico Digital de Belo Horizonte o el recientemente premiado Plan Director del Parque Municipal de Belo Horizonte.
En todos ellos hemos buscado la corresponsabilidad local a través de procesos participativos y de modelos territoriales donde se combina el respeto por la naturaleza y el medio ambiente con la visión innovadora, de futuro, y de desarrollo. Creemos que no es tan importante el qué ni el cuánto, sino el dónde y el cómo. Para ello trabajamos desde procesos de inventario y valoración territorial muy intensos, con diagnóstico concertados, y con propuestas respetuosas con el paisaje, compensatorias cuando producen impactos, que buscan siempre el equilibrio de las TRES dimensiones del desarrollo sostenible, la ambiental, la social y la económica. Olvidar una de ellas significa poner las otras en peligro.

¿Cuáles son las principales diferencias entre un proyecto paisajístico pensado para el medio rural, de otro dirigido a un entorno urbano?

A mí personalmente no me gusta nada diferenciar entre medio rural y medio urbano. Me gustan las interacciones que se producen entre ambos, y, de hecho, vivimos en una región donde domina lo que usted llama el medio rural. Es éste, y menos el urbano, el que explica mejor las relaciones entre la sociedad y el territorio, la lógica del lugar (el genius locci) y los valores a preservar. Por tanto es siempre mucho más creativo, enriquecedor y provocador trabajar en este medio. También es más difícil porque estamos educados en entornos urbanos, donde vive ya casi el 80% de la sociedad lo que nos hace prácticamente.
El medio rural me permite, también, acercarme más a la naturaleza, a la lógica ecológica, al paisaje, a los árboles, a la agricultura, a los bosques, a los ríos, y a los espacios del agua, y, desde ahí, entender los asentamientos tradicionales, las técnicas y los cultivos, los procesos y los cambios. En el medio rural están las respuestas a todas mis inquietudes, en el medio urbano intentamos aplicar lo que aprendemos del llamado medio rural (de la interacción entre la naturaleza y la cultura como expresión material la sociedad).

En la creación de un proyecto paisajístico en el medio rural, ¿Qué criterios artísticos suelen tener en cuenta?

Los arquitectos tenemos siempre un estilo, una forma de intervenir y pensar el territorio, sea arquitectura, ordenación del paisaje, o incluso cómo afrontar un proceso participativo. Lo importante no es tanto el estilo, o el criterio artístico, sino la coherencia que manifestemos y conservemos, con dichos criterios. Me explico. Yo no me considero neoclásico, como por ejemplo Bofil, pero este gran arquitecto es coherente con su estilo adaptando los sistemas constructivos, las soluciones estéticas (escaleras como columnas clásicas), y la estructura, etc., a dicho estilo, y por eso le considero un gran arquitecto.
En el medio rural hay referencias artísticas también, pero a más me gusta intentar rescatar las tradiciones como ejemplo de la integración del hombre en el medio. Esto a veces se traduce en un estilo (por ejemplo, casonas montañesas), pero no siempre. A mí me gusta más pensar que son procesos, procesos donde la atención se centra en la gente, en la ecología del lugar, en las respuestas y servicios que la arquitectura y la naturaleza que proponemos para la intervención nos presta, y en cómo la sociedad que lo habita lo acepta y lo hace suyo.
En cada intervención, en definitiva, trabajamos con criterios diferentes. Así, por ejemplo, en San Glorio nos preocuparon mucho la integración de los corredores del oso pardo y la recuperación de los cantaderos de Urogallo, al tiempo que optamos por la arquitectura de estilo celta, para las edificaciones del área deportiva de la estación de esquí. Lo que nos parece un desafío, un reto, y una meta a conseguir, es combinar esos requisitos, esas lógicas territoriales, y hacerlo desde una respuesta sostenible, desde el paisaje. Para ello nos valemos de soluciones de bioingeniería, de ingeniería del paisaje, de infraestructuras y sistemas territoriales, como corredores verdes, corredores ecológicos o sistemas territoriales patrimoniales. A veces es si lo desde esa lógica, desde esos criterios de integración y de síntesis, que pueden ser naturales o culturales (y dentro de estos a veces artísticos), que nuestro proyecto se materializa y se trasforma en una realidad.

¿Qué proyectos tiene actualmente entre manos?

Ahora tenemos varios proyectos interesantes. El primero es contar la historia de la influencia del periodo filipino (1580-1640) en la construcción del territorio brasileño, y de una cultura urbana basada en la simbiosis de dos formas de hacer ciudad, la española (romana, y árabe, principalmente) y portuguesa (por decirlo de alguna forma, más griega). Es un proyecto donde estamos colaborando con varias universidades y con la diplomacia española y brasileña porque va a cambiar la historia colonial de Brasil.
 
Otro proyecto que tenemos en marcha es crear, en España y en Brasil, un clúster de empresas eco-innovadoras, basadas en el uso del paisaje como herramienta de planificación y de intervención en el territorio, en la ciudad, e incluso en la arquitectura. Ya tenemos un grupo importante de empresas y personas interesadas y estamos cerrando las Asociaciones tanto en Brasil como en España. En este marco hemos logrado aprobar recientemente, en FINEP, el CDTI brasileño, un proyecto para una herramienta de gestión del concepto de infraestructura verde. Queremos pensar el arbolado, el verde, el agua, como elementos básicos de nuestros paisajes y territorios, de nuestras ciudades y poblaciones, desde la perspectiva de los servicios ecológicos que nos prestan, y en el contexto del cambio climático y de los desafíos del milenio.
Queremos trabajar por un territorio más ecológico y más sostenible, que integre la lógica del lugar en la arquitectura, desde el planeamiento, y desde el paisaje, entendido como instrumento de intervención y como objeto de nuestro trabajo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *