El potencial de los pueblos extintos

Salpican nuestra geografía española, aunque muchas veces pasan desapercibidos. Están pero ya no están. En ellos parece que el tiempo está detenido, habitando en el más profundo de los olvidos y encallado en el más remoto pasado. Su historia está marcada por el desarraigo que padecen sus gentes, al sentir que no pertenecen a ninguna parte. Hablamos del abandono que sufren muchos pequeños pueblos. Un mal endémico que está acabando con una parte importante de nuestra riqueza etnológica, social, arquitectónica y cultural de nuestro medio rural.

En sus calles ya no hay risas, ni voces, ni sonidos de pisadas. Tan solo el eco del vacío, y del viento que recorre cada rendija. Hay muchos pueblos, que van camino del abandono si antes nadie lo remedia y la población de estas pequeñas aldeas, cada vez más envejecida, poco puede hacer por evitar su extinción.

Recientemente, en las redes sociales de TIMRURAL, nos hacíamos eco de una noticia publicada por El País, ¿Cuánto cuesta un pueblo?, que hacía referencia a este tema y a cómo muchos pequeños municipios han encontrado en la venta de parcelas y solares, a precio casi de saldo, la única solución para poner freno al éxodo rural que está acabando con sus pueblos.

Contaba este artículo, cómo alguna de estas pequeñas poblaciones, y ponía como ejemplo a el pueblo conquense de Olmeda de la Cuesta, ha conseguido aumentar su población, e incluso recibir la llegada de emprendedores que quieren fijar allá sus nuevos negocios.

Pero, ¿es la venta la única opción de subsistencia de estos pequeños núcleos rurales? No. Hay otras salidas. Esta es solo una, y algunos han visto en ella una interesante vía de negocio, vista la proliferación de inmobiliarias y negocios especializados en la venta de pueblos abandonados. Pero, ese es otro tema.

En TIMRURAL hemos conocido muy de cerca el caso de un pequeño pueblo vallisoletano, Almaraz de la Mota, que fue vendido en el año 1965, y cuyos colonos tuvieron que emigrar tras la última cosecha de 1967. El pasado mes de agosto, al cumplirse los 50 años del abandono del pueblo, sus últimos vecinos quisieron regresar a él, o mejor dicho a lo que queda de él. El encuentro sirvió para recordar su historia, sus raíces y las de sus antepasados. Los almaracetes que acudieron a la cita, se toparon de bruces con las ruinas de lo que un día fueron sus casas, cubiertas de maleza, polvo y sumidas en el más triste de los abandonos. En el ambiente se palpaban a partes iguales el desarraigo y la desolación, con la esperanza e ilusión, por lograr de nuevo un pueblo unido, aunque solo sea de forma virtual. Todos los almaracetes adquirieron el compromiso de crear una Asociación de Amigos de Almaraz, con el claro objetivo de rescatar y fijar la memoria colectiva del abandonado municipio. Ese es un claro ejemplo de por dónde se puede empezar para acabar con el abandono de nuestros pueblos. Los almaracetes no quieren rendirse, y quieren dar a su pueblo, el lugar que se merece.

Es cierto que desde la Administración se está tomando conciencia de este acuciante problema del medio rural, que ha acabado ya con más de 2.800 pueblos en toda España, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Existen iniciativas, como el Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados (PRUEPA), que trata de buscar el acercamiento a la vida rural de jóvenes que viven en el ámbito urbano. Un programa que se desarrolla en tres pueblos de España: Búbal (Huesca), Umbralejo (Guadalajara) y Granadilla (Cáceres).

En TIMRURAL nos hemos propuesto también recuperar esas historias de desarraigo, impulsar pequeños pueblos extintos y poblaciones en riesgo de caer en el más profundo de los olvidos. Y es que consideramos que todos pueblos abandonados tienen un gran potencial, tan solo es necesario creérnoslo y empezar a trabajar. Se pueden crear centros de interpretación del medio rural, de la naturaleza, de la etnografía. Centros de recuperación cultural, para realización de talleres ambientales y dirigidos a un desarrollo sostenible, áreas de recreo… las posibilidades son infinitas. Tan solo es necesario tener ganas y definir una estrategia de territorio marcada por objetivos. Nosotros, en TIMRURAL, podemos ponerla en marcha.

Queremos pueblos vivos, con historias vivas. Queremos pueblos con ecos de risas en las calles. Queremos pueblos con ambición de seguir siendo pueblos, y no solo un nombre borrado en el mapa. Queremos ayudar a los habitantes del medio rural a mantener sus raíces, su historia. Somos la TIMRURAL, la Lanzadera Rural y podemos potenciar, impulsar, mantener y salvar nuestros pueblos.

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