La familia, los amigos y el pueblo. Es lo que más echamos de menos cuando nos vamos lejos. Añorar el pueblo es emocionarse ante las vivencias que quedaron para siempre almacenadas en nuestra memoria. Sentimos nostalgia porque notamos su ausencia, su lejanía. Nuestro pueblo es el lugar donde se forjaron nuestras amistades, donde se afianzará nuestro carácter y donde, sin duda, fuimos felices.

Cuando dejamos atrás nuestras raíces y emigramos del pueblo, nos acordamos de pequeños detalles de momentos importantes de nuestra vida. Nuestros rincones de juegos, nuestros escondites. Aquel árbol caído en el que nos reuníamos de chiquillos. Los campos de trigo y las eras en las que corríamos sin descanso. La plaza del pueblo en nuestras primeras verbenas. Nuestros primeros bailes agarrados. Las peñas en las que hacíamos pandillas. Las meriendas en la pradera o los grandes eventos que daban vida al municipio, como las fiestas patronales o las procesiones del santo de turno.

Sentir nostalgia por nuestro pueblo, nos hace emprender un viaje a nuestro añorado pasado. A nuestros sentidos llegan miles de imágenes, sonidos, voces y sensaciones de unos días que ya no volverán, pero que tan solo con su recuerdo, nuestras emociones brotan por cada poro de nuestra piel. La nostalgia por el pueblo, lejos de pasarse con el tiempo, va en aumento.

Nuestro pueblo es nuestro primer gran amor. Aquel al que siempre regresamos cuando algo no nos sale bien. Es el lugar donde encontramos refugio, donde las preocupaciones se relativizan y donde la esperanza gana la batalla al desaliento.

Es cierto que sentimos grandes añoranzas del pueblo cuando estamos lejos. Cuando hablamos de ello, nuestras frases más recurrentes son: ¡Qué feliz fui allá! ¿Te acuerdas de..? ¿Qué habrá sido de..? ¡Cuánto me gustaría estar allí ahora mismo! ¿A que a ti también te ha pasado alguna vez?

Decía Homero que «Nada hay tan dulce como la patria y los padres propios, aunque uno tenga en tierra extraña y lejana la mansión más opulenta». ¡Cuánto hay de cierto en esta sabia frase!. Para cada uno su pueblo, por pequeño y humilde que sea, es el mejor. ¿A que si? ¿A que no cambiarías tu pueblo por nada?. Lo mejorarías tal vez, pero nunca lo cambiarías por otro. Siempre somos y seremos leales al sitio donde están nuestras raíces. Hablar de nuestros pueblos desde la lejanía, nos viene muy bien. Hace despertar nuestras emociones, aunque a veces esas conversaciones nostálgicas nos conduzcan a la cruda realidad: darnos cuenta de que nuestros recuerdos, son solo eso… recuerdos.

Pues en TIMRURAL estamos empeñados en recordar con alegría nuestros pueblos. Con una gran sonrisa en la cara. Con la satisfacción de saber que están en su mejor momento y en las mejores manos. Queremos conseguir pueblos con futuro, en los que esa nostalgia no nos ancle a un pasado, sino que nos proyecte a un futuro. Tenemos infinidad de proyectos para compartir en nuestro medio rural y que estamos deseando poner en marcha. A?TA? necesitas algo para tu pueblo? Podemos ayudarte. A?Cuenta con nosotros!

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